La tensión entre María y Begoña alcanza su punto máximo en este episodio. María está a punto de ser enviada a una casa de reposo y, aunque Begoña insiste en que es por su bienestar, María no le cree. Con sarcasmo, insinúa que Begoña debe estar encantada con su partida, pero esta lo niega, asegurando que no ha manipulado la situación.
Sin embargo, María sigue convencida de que todo ha sido orquestado en su contra. Siente que nunca sabrá la verdad y acusa a Begoña de aprovechar la oportunidad para quedarse con todo. Begoña intenta calmarla, asegurándole que Andrés, el esposo de María, no la está abandonando. Incluso le sugiere que vea su estancia en la casa de reposo como unas vacaciones temporales.
Pero María no se deja engañar. Con una mirada desafiante, le advierte a Begoña que no olvide quién es realmente. Afirma con firmeza que ella es la única y legítima Señora de la Reina, la dueña de la finca, y jura que volverá para recuperar su lugar.
Andrés llega para informarle que todo está listo para su partida. María, a pesar de su determinación, no tiene otra opción que irse, pero lo hace con la certeza de que su historia no termina aquí. Mientras tanto, Begoña se mantiene serena, pero en el fondo sabe que la paz será efímera. La batalla aún no ha terminado y, tarde o temprano, tendrá que enfrentarse nuevamente a María.
La pregunta es: ¿logrará María recuperar su lugar o será Begoña quien termine ganando esta guerra?