En este episodio, Marta y Pelayo disfrutan de un desayuno tranquilo antes de abordar un tema crucial. Entre bromas, Marta sugiere que no habría pasado nada malo si Pelayo se hubiera quedado una noche más en el hotel de Darío. Sin embargo, él expresa su preocupación por estar demasiado tiempo fuera de casa.
Marta, siempre optimista, le recuerda que lo importante es recuperar el tiempo juntos. Pelayo admite que la noche anterior con Darío fue especial, pero hay algo que lo inquieta. Darío quiere dar un giro radical a su vida: dejar su trabajo y unirse a él por completo. Aunque admira su determinación y amor, Pelayo teme que todo avance demasiado rápido. Marta sugiere una solución intermedia, pero Pelayo revela que Darío no está interesado en medidas temporales.
Mientras Pelayo se debate entre la pasión y el miedo, Marta comparte su propia experiencia: trabajar con Fina y verla a diario es una fortuna, una felicidad oculta que pocos pueden entender. Para ella, el amor merece sacrificios. Pelayo, en cambio, se preocupa por el carácter impulsivo de Darío. Su relación siempre ha sido intensa, y aunque lo ama, teme que compartirlo todo termine por consumirlos.
Marta le aconseja que sera honesto con Darío, que exprese tanto su amor como sus dudas. No puede dejar que el miedo arruine lo que tienen. Poner límites es importante, pero perderlo podría ser una herida irreparable. Pelayo la escucha, atrapado entre su amor por Darío y el temor de lo que podría suceder si se entregan por completo.
