Por la mañana, Manuela se acerca a Don Andrés con la intención de hablar sobre María. Le cuenta que la visitó temprano para asegurarse de que estuviera comiendo bien y le llevó algo de comida, preocupada de que le dieran membrillo, ya que podría hacerle daño. Andrés, atento, le pregunta cómo la vio, y Manuela responde que la notó muy cansada. Agradece a Andrés por haberle conseguido un lugar donde descansar, creyendo que eso le ayudará a mejorar. Menciona que el sitio es hermoso y parece haber sido escogido con mucho cuidado.
Sin embargo, Manuela duda antes de contarle lo que realmente le preocupa: María cree que se recuperaría mejor en casa, rodeada de su familia. Pero Andrés descarta la idea de inmediato. Explica que, aunque en otras circunstancias estaría de acuerdo, el comportamiento reciente de María ha demostrado lo contrario. Le recuerda a Manuela que puso en peligro a un bebé y que, por esa razón, es necesario que permanezca bajo cuidados especializados.
Manuela intenta defenderla, asegurando que María solo sacó al bebé a dar un paseo y perdió la noción del tiempo sin mala intención. Pero Andrés recalca la gravedad del asunto: María se llevó al niño sin permiso y estuvo desaparecida durante horas, al punto de que la madre del bebé casi presentó una denuncia. Finalmente, le revela que la doctora Borrel tuvo que intervenir para evitar que la acusaran formalmente.
Manuela, sorprendida, admite que no conocía esos detalles. Andrés le explica que María no sabe nada sobre la denuncia, pues informarla no ayudaría en su recuperación. También deja claro que su traslado fue una recomendación médica.
A pesar de todo, Manuela se ofrece a cuidar de María en casa, pero Andrés le pregunta directamente si ella se lo pidió. Manuela insiste en que fue su decisión, pero Andrés se mantiene firme: María necesita atención médica, no solo cuidados en casa. Finalmente, Manuela se disculpa por haber intervenido, pero Andrés le dice que no se preocupe antes de que ella se retire, respetuosa pero preocupada por el destino de María.