En este capítulo, el protagonista se enfrenta a una situación incómoda cuando se encuentra con Marta en un evento social. Durante su conversación, el protagonista, visiblemente nervioso, le confiesa a Marta que no está acostumbrado a interactuar con personas como ella. La referencia a “damas elegantes” refleja la desconexión que siente el protagonista entre su propia vida y la sofisticación que Marta representa. Este comentario, aunque aparentemente inocente, resalta las diferencias sociales y el contraste entre sus mundos, mostrando la inseguridad del protagonista al estar en presencia de alguien que considera fuera de su alcance.
Marta, por su parte, reacciona con una mezcla de sorpresa y una pizca de diversión. Le deja claro que, aunque su elegancia y estilo de vida puedan parecer inalcanzables para él, no es necesario que se sienta fuera de lugar. A lo largo de la conversación, se va viendo cómo el protagonista, a pesar de su incomodidad inicial, comienza a relajarse y a valorar la autenticidad de Marta más allá de su apariencia. La interacción entre ambos evoluciona, dejando entrever que las primeras impresiones y prejuicios pueden desmoronarse cuando realmente se conoce a la persona detrás de la fachada.
Este intercambio es crucial para el desarrollo de ambos personajes, pues permite que el protagonista empiece a cuestionar sus propios juicios sobre el mundo de Marta y se abra a una nueva perspectiva. Al final del capítulo, el protagonista se da cuenta de que las diferencias sociales que inicialmente lo hacían sentirse incómodo no son tan importantes como pensaba, y su relación con Marta comienza a tomar un rumbo inesperado.