En un intenso diálogo entre Pelayo y Damián, los temas de la política, el dolor personal y una llamada inesperada toman protagonismo. Pelayo destaca la influencia de Miguel Ángel en el comité y su valor como contacto estratégico, algo en lo que Damián está completamente de acuerdo. Sin embargo, la conversación pronto toma un giro más personal cuando Damián menciona el impacto de los recientes titulares en los periódicos. Su nombre ha estado cada vez más vinculado a la familia Reina, no solo por su matrimonio, sino también por la tragedia de Jesús.
Pelayo, consciente de la carga emocional de su amigo, le pregunta cómo se siente realmente. Damián, con el peso del dolor reflejado en su voz, admite que Jesús es su último pensamiento al dormir y el primero al despertar. En un intento por aliviar su angustia, Pelayo le sugiere hacer un viaje para despejarse, pero Damián rechaza de inmediato la idea. Siente que no es el momento adecuado para alejarse ni de la empresa ni de su familia, pues su presencia es esencial.
De repente, suena el teléfono y Damián atiende, informando a Pelayo que la llamada es para él. Con un tono formal, Pelayo rechaza una invitación a una reunión en Toledo, argumentando que está demasiado ocupado. Intrigado, Damián le pregunta si se trataba de un asunto de negocios, pero Pelayo explica que era un viejo compañero de estudios, aunque le extraña cómo obtuvo su número. Damián bromea sobre su actitud distante, a lo que Pelayo responde que el tiempo y la distancia han cambiado las cosas. Finalmente, decide contactar a Marta para ver si desea acompañarlo a Toledo, dejando en el aire lo que podría suceder a continuación.