Era un día cualquiera en la promesa, un sol radiante brillaba sobre los campos y el aire, impregnado de la fragancia de los jazmines, parecía indicar que todo estaba en calma. Pero dentro de las paredes del palacio, la paz era solo una ilusión, una fachada que estaba a punto de desmoronarse. La llegada del Coronel Fuentes, un hombre de carácter implacable y de moral rígida como una vara, transformaría ese día en el inicio de un caos imparable.
Lorenzo, el capitán de la casa, un hombre acostumbrado a estar en control, sintió el golpe cuando se enteró de la llegada de Fuentes. No era una simple visita; el coronel se había instalado en la promesa como si fuera su propio cuartel, con una autoridad que nadie podría cuestionar. Para Lorenzo, esto no era una coincidencia. El Coronel Fuentes no llegaba por casualidad, y él lo sabía. Estaba allí por algo mucho más grande.
El coronel no era un hombre fácil de impresionar ni de engañar. Su mirada penetrante era capaz de despojar a alguien de sus secretos más oscuros, y Lorenzo, que había pasado su vida moviendo los hilos en la sombra, pronto se vería contra las cuerdas. Mientras tanto, Curro, el joven que había sido el encargado de orquestar el plan que traería al coronel, observaba en silencio, esperando que las piezas del juego se movieran como él había planeado. Sin embargo, no estaba tan seguro de lo que había desatado. Ángela, su aliada, le advirtió que había cometido un grave error al traer a Fuentes a la promesa. “Lorenzo es peligroso, pero cuando se siente acorralado, es una bestia sin control”, le dijo, pero ya era demasiado tarde para dar marcha atrás.
El primer encuentro entre Lorenzo y Fuentes fue tan tenso como se esperaba. En el gran salón, Lorenzo intentó mantener las apariencias, sonriendo de manera forzada, pero Fuentes no le ofreció ninguna cortesía. “No he venido a disfrutar de las atenciones sociales de la promesa”, dijo Fuentes con voz fría y firme, dejando claro que su presencia no era una simple visita amistosa. “Y espero que no tenga nada que ocultar”, añadió, con una mirada que atravesó a Lorenzo como una daga.
Lorenzo comenzó a sospechar que alguien lo había traicionado, pero su mente se fijó en un sospechoso: Curro. Al cruzarse con el joven, algo en su mirada le hizo pensar que Curro estaba involucrado en todo esto. La humillación de ser atrapado en una red de mentiras tejida por alguien tan joven y aparentemente insignificante era insoportable para Lorenzo, quien había pasado su vida manipulando a otros con su astucia.
Mientras la tormenta política se desataba en los salones, Manuel de Luján también enfrentaba su propia batalla. Después de descubrir que Leocadia había ocultado una oferta clave de compra de la tecnología que él mismo había creado, Manuel decidió cancelar el contrato con los inversores ingleses, un acto que pondría en peligro no solo su proyecto, sino también su futuro. Enfrentó a Leocadia, acusándola de intentar robarle su empresa. La confrontación fue brutal, y Manuel, lleno de rabia y traición, no dudó en tomar una decisión que cambiaría todo: canceló el trato con los ingleses y despidió a Leocadia del proyecto.
En otro rincón de la promesa, Catalina y Adriano se encontraban atrapados en una guerra emocional que parecía no tener fin. Cada intento de Catalina por reconciliarse solo empeoraba las cosas, y las palabras hirientes de Adriano cada vez más la alejaban de él. Un simple intento de llamar a su tío Fernando para preguntar por su salud se convirtió en el desencadenante de una nueva pelea. Catalina, exhausta y frustrada, se dio cuenta de que su matrimonio estaba condenado a la destrucción, atrapada entre el orgullo y la desesperación.
Mientras tanto, en el mundo del servicio, Pía cometió un pequeño desliz que podría tener consecuencias graves. Durante una conversación casual con Yana y López, bromeó sobre el nuevo mayordomo, Cristóbal, comparándolo con Rómulo. Sin saber que Cristóbal había estado escuchando, Pía fue sorprendida por su fría mirada analítica. Aunque Cristóbal no la reprendió directamente, el daño ya estaba hecho. Pía sabía que había mostrado una debilidad, y no podía predecir qué haría el nuevo mayordomo con esa información.
El caos no solo se libraba en los pasillos del palacio, sino también en los corazones de aquellos que servían bajo su techo. Vera, la joven doncella, luchaba contra sus propios demonios internos, la angustia y el dolor de un pasado que no la dejaba en paz. A pesar de los intentos de sus amigos por ayudarla, Vera se sentía atrapada en su propio sufrimiento, incapaz de escapar de las sombras que la perseguían.
En este mundo donde todos luchaban contra sus propios miedos, secretos y traiciones, la llegada del coronel Fuentes solo había sido el primer paso en una cadena de eventos que amenazaban con destruir todo lo que había sido construido en la promesa. Los personajes estaban atrapados en un juego peligroso, sin saber que sus destinos estaban irremediablemente entrelazados.
¿Cómo crees que se resolverá la confrontación entre Lorenzo y el Coronel Fuentes? ¿Será Manuel capaz de reconstruir lo que ha perdido con Leocadia? ¿Qué futuro les espera a los personajes atrapados en este torbellino de traiciones? ¡Comenta abajo!